Cuento de Terror – Mi fiesta de Halloween

Ahora que se acerca Halloween, nada mejor que un cuento de terror infantil para compartir con tus familiares y amigos. Porque no todo es disfrazarse y asustar a la gente por la calle. También se pueden explicar historias de terror y pasarlo genial en casa.

Si queréis escuchar la historia narrada, tenéis el vídeo de Youtube del cuento de terror al final de esta página.


Mi fiesta de Halloween

Dolores era una prima segunda de mi madre. Tenía setenta años, pero no se le notaba porque desbordaba energía. Siempre alegre, siempre jovial, era el alma de la fiesta en cualquier reunión.

Era una persona preocupada por los demás y siempre intentaba hacerlos felices, a pesar de vivir sola. Siempre se encargaba de organizar fiestas sorpresas a familiares y amigos y cuando alguien estaba de bajón o estaba deprimido, se encargaba de animar a la persona y transmitirle su desbordante optimismo.

Dolores era una persona poco aprensiva y nunca se quejaba por sus dolencias pero tampoco por el dinero. Era una persona extremadamente generosa.

Un día todos nos extrañamos, porque no apareció por casa, cuando siempre pasaba a saludar. Al día siguiente, cuando ya estábamos realmente preocupados, nos llamaron de un Hospital indicándonos que la tenían ingresada en un estado algo delicado.

Durante muchos días la tuvieron en observación, viendo como reaccionaba a las terapias y cuando vieron que un tratamiento se estabilizaba la llevaron a una habitación común. Una vez en esa habitación, hacíamos turnos para cuidarla y acompañarla en las comidas, aunque ella insistía que no hacía falta.

habitaciones hospital

Un día, me tocó ir a primera hora a ver como estaba. Mientras me acercaba a la habitación, la oía reírse a carcajadas y pensé que hoy seguramente tendría ayuda de otro familiar o alguien para acompañarnos. La sorpresa fue mayúscula, cuando al llegar vi que en la habitación sólo estaba ella y seguía hablando y riendo con alguien que yo no podía ver y a mi me ignoraba.

De pronto las luces se apagaron y volvieron a encenderse. Atribuí el susto a una fallo eléctrico. Pero lo hizo 3 o 4 veces más.

Aunque a mi me causó una gran inquietud, las enfermeras entraban y salían de la habitación sin darle importancia.

Le pregunté a los médicos sobre el raro comportamiento de Dolores y me dijeron que seguramente era un efecto secundario de la medicación.

Así continuó durante varios días, charlando alegremente con sus amigos imaginarios, hasta que una día por la mañana, logré interrumpir su conversación.

Dolores me dijo: – Están organizando una fiesta de disfraces.

-¿Quiénes? Le pregunté entre tímida y asustada.

-Toda esta gente que viene a verme. !Son muy divertidos!

-¡Toda esa gente!, ¿Qué gente? Si no fuera porque llevaba varios días con una sensación extraña que alguien me observaba cuando estaba allí, le habría dicho que estaba loca.

-¿Y cuándo es la fiesta? – Le contesté , siguiéndole la corriente.

– Espera que les pregunto. Y se giró cara la pared para preguntar a la nada. Esa sensación de estar esperando una respuesta de seres que yo no veía, me daba escalofríos al mismo tiempo que incomodidad, viendo la situación.

– El próximo sábado, ven a partir de las cinco y trae algo de comida. Todos vendrán y traerá cada uno una cosa para comer y beber. Y no te olvides de traer a tu hermana, siempre le han encantado estas fiestas de disfraces.

– Va a estar complicado Dolores, en los hospitales no dejan celebrar estas fiestas.

– ¡Ah tranquila! me dicen que no hay problema, están acostumbrados a celebrar por todo lo alto fiestas aquí. Eso sí, me dicen que tenéis que venir con un sombrero como requisito obligatorio.

Yo no entendía nada de nada. No sabía si estaba en un sueño o era una pesadilla. Pero, por si acaso, avisé a todos mis conocidos.

Al día siguiente, estaba más animada. La fiesta resultó un estímulo importante para su recuperación. No paraba de hablar, aunque el tiempo le pasaba factura, perdiendo el norte de donde estaba. Muchas veces creía que estaba en su casa y nos pedía que le alcanzáramos objetos de su casa que no estaban allí.

-¿Y tu, Dolores, de que te vas a disfrazar? Pregunté.

РA̼n no lo tengo pensado РDijo.

– Pues tienes que escoger uno, que cada vez me va a costar más, encontrar disfraces para todos.

-¿Qué te parece de Hada? ¿Es original?

-Es perfecto. Si te gusta el disfraz de Hada, pues un Hada. Respondí.

-Trae un sombrero bien bonito. Ya sabes que es el requisito para entrar a la fiesta.

-Está bien. Le dije, -Como quieras. Lógicamente iba a cumplir sus deseos, porque siempre había sido muy buena mujer con todo el mundo. No le podía fallar ahora.

escaleras hospital

Cuando salí, en la puerta del Hospital había un grupo de gente disfrazada. Parecía ser un Hospital muy poco común. Tenía razón Dolores. Los directores y personal de seguridad no tienen ningún problema ante la organización de este tipo de eventos.

Cuando lo comenté con la enfermera, me miró sorprendida. Miró a Dolores y a mi varias veces, para finalmente decir: -Pensaba que estaba mucho mejor, ¿a qué hora?

-Tarde. Alrededor de las seis. Y sonrió con una mueca picaresca.

-Justo en mi turno, dijo. Gracias por avisarme, así me preparo para lo peor. Después de decir esto, se dio media vuelta y se fue.

-Qué comentario mas raro, pensé. Seguro que a ella no le gustan estas fiestas.

¡Estaba claro que se encontraba mejor!, sino era imposible organizar una fiesta.

Después de eso, me dediqué a buscar los disfraces y sombreros necesarios, a parte de acabar de avisar a los conocidos que me faltaban.

Finalmente llegó el día y nos reunimos familiares y amigos en la puerta del hospital. Estaba todo preparado, cada uno con su disfraz y sombrero y las bebidas y comida para la fiesta. Empezamos a entrar y subir hacia la planta de Dolores, cuando me di cuenta del tremendo descuido. ¡Me había olvidado el disfraz de Dolores! ¿Cómo pude olvidarme de lo más importante?

-¡Un momento! Dije. ¡Me olvidé el disfraz de Dolores!

-Todos miraron con cara de reproche. ¿Y ahora que hacemos? Dijo mi madre. -!Yo iré a buscarlo ! Dijo Javier.

Por desgracia, alguien se adelantó al resto y abrió la puerta de la habitación, pero sorprendentemente, no había nadie allí. Tampoco había ninguna enfermera para preguntarle donde estaba Dolores.

Parecíamos un grupo de locos. Unos disfrazados de pollo, otros de oso, uno de chino, otra de caperucita, un montón de gente haciendo el ridículo en medio de un hospital.

hospital halloween

De pronto, vimos la enfermera de ese turno acercándose rápidamente. La avasallamos a preguntas, sobre todo para saber donde estaba Dolores.

-¿Ya están listos para la fiesta? Preguntó con voz seca y decidida.

-¡No! Olvidé el disfraz de ella, pero ya ha ido un amigo a buscarlo. -Dije.

-Ya es tarde! hay que quemar el disfraz. Respondió la enfermera sin cambiar la cara. Dolores sufrió un paro cardíaco, pero se va a recuperar si hacéis lo que os digo, ya veréis.

Esos comentarios eran de lo más extraño, pero empezaba a creer que realmente los seres imaginarios de Dolores, quizás no eran tan imaginarios como pensábamos.

Siguiendo las indicaciones de la enfermera, lo primero que hicimos al llegar a casa, fue quemar el disfraz de Dolores. Algo que sabía no le gustaría a ella, pero que en el fondo de mi mente, sabía que le ayudaría a recuperarse.

Al día siguiente Dolores estaba perfectamente recuperada. Al ir a visitarla, nos contestó muy mal y estaba muy enfadada conmigo, porque le había arruinado la fiesta. Además al preguntar porque no tenía su disfraz, le tuve que decir la verdad y su enfado fue a más.

Unos días después le dieron el alta y volvió en perfecto estado a su casa. Pero no supo nada más de sus amigos invisibles, ni que había sido de ellos.

Pero yo estaba segura, que estaban preparando la siguiente fiesta de disfraces para otra paciente del hospital.


Historia narrada en vídeo de Youtube.


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