Historia de Terror – Ella me quiere

Aquí encontrarás una nueva historia de Terror de creación propia para que leas en tu tiempo libre y pases mucho miedo. Puedes dejar un comentario abajo con tu opinión.

Aviso que esta historia de miedo, tiene contenido no recomendado para menores de 18 años, ya que tiene fragmentos de sexo y violencia.


ELLA ME QUIERE

Jorge, un hombre maduro, serio, con un buen trabajo y un bonito apartamento en el centro de la ciudad. Con un buen físico y una manera de vestir muy clásica.

Se puede decir que un buen partido, con una mentalidad abierta y de gustos nada estrafalarios. A pesar de todo, sigue soltero y con una importante depresión, que él se negaba a reconocer.

A Jorge, no hay nada que le inquiete más, que tener 38 años y seguir sin pareja estable. Es algo que lleva mal. Él culpa al cansancio de relaciones frustradas y la falta de tiempo, el no poder encontrar una mujer que le acompañe, en las largas noches de insomnio que padece.

Una noche, una vez más le aparece una migraña, que le agrava su insomnio. Al notarlo, inmediatamente se toma su medicación, sabiendo que causa sueño, con la esperanza de coger la cama con ganas.

Jorge se tumba en la cama y empieza a leer la novela más densa que tiene a medias, para intentar coger sueño y dormirse de una vez. Al rato, poco a poco sus ojos van cayendo. Pero no consigue dormirse. Las palabras empiezan a juntarse y cada vez se le hace más pesado acabar una línea de su lectura, teniendo que leer más de una vez, algún fragmento del capítulo.

De repente, un grito agudo y ensordecedor viene de la cocina. Jorge se levanta de sopetón de la cama en calzoncillos, tirando a un lado el libro y corriendo a mirar en la cocina.

Cuando llega, la figura de una mujer con larga melena rubia con un pijama rosa cortito, está agazapada en una esquina tapándose la cara sin que Jorge pueda ver su rostro.

-¡Eh! ¿Quién eres tú, qué haces aquí? – Le pregunta Jorge

La chica temblorosa levanta lentamente el brazo y con el dedo índice señala el fregadero de la cocina.

Jorge se acerca y ve horrorizado cucarachas, arañas y todo tipo de gusanos y ciempiés moviéndose dentro.

Salta a un lado del susto y suelta un grito entrecortado. Inmediatamente coge un insecticida que tenía escondido en el armario de la esquina y empieza a tirar el spray mientras abre el agua para que se vayan por el desagüe.

Poco después se gira para mirar a la mujer de la esquina, pero no la ve. Cuando vuelve a mirar en el fregadero, allí ya no hay nada.

fregadero de terror

-¿Qué cojones? ¿Pero qué coño…? … sin darle más vueltas se vuelve a la habitación y en ese momento ve otra vez a la chica rubia.

Ella está de pie, medio desnuda, con un pijama rosa muy corto y una camiseta de tirantes medio caída mostrando un pecho. La chica tiene un cuerpo esbelto y una piel tersa, el sueño de cualquier solterón como Jorge.

Él la mira atónito y levanta la vista para intentar verle la cara, pero no lo consigue. Su rostro está entre borroso y moviéndose con movimientos muy cortos pero tan rápidos que diluyen la visión y no dejan centrar la mirada de Jorge.

De repente se siente tan atraído por la visión que no puede evitar acercarse. La erección empieza a ser escandalosa… camina, poco a poco, se acerca y cuando el contacto ya es inevitable, algo le da la vuelta a todo su cuerpo de repente, y nota como le acarician cuerpo, pecho, trasero, al mismo tiempo que se desnuda él mismo.

Al poco rato, un calor intenso lo hace sudar. Jorge se tumba en la cama y algo coge su mano con tal decisión que no puede ni evitar coger su miembro y empezar a darse placer como nunca nadie se lo ha dado.

Mientras está en la faena, va oyendo, muy cerca de su oído derecho, una voz dulce y cálida de mujer que le dice:

– ¿Te gusta así? Voy a hacer sentirte el hombre mas especial del mundo. Vas a explotar de placer.

Y sí, duró unos pocos minutos. Estaba tan excitado, tan sudado… Tenía la mente tan ida, que acabó rápido. Y después notó como allí, estirado en la cama, ella le calmaba y mimaba y acabó durmiendo como un bebé.

Al día siguiente Jorge se despertó desnudo, pero descansado. Hacía años que no notaba tal vitalidad y energía corriendo por sus venas. Hasta su humor, a pesar de ser lunes, era distinto. Ese día se fue tan feliz a trabajar, aunque no acababa de entender lo que pasó la noche anterior.

Por la noche, llegó cansado como siempre, pero con un tremendo dolor de cabeza. La migraña pronto aparecería, para volver a intentar dejarle sin dormir.

Comió algo y pronto se fue a la cama para intentar relajarse y descansar. Y de repente, notó una presencia a su lado. Un aire frío entró por la habitación como si alguien hubiera abierto la ventana. Pero no, seguía cerrada.

Al poco rato todo se quedó en calma y empezó a notar alguien que le abrazaba. Su calor corporal empezó a subir y poco a poco se fue sintiendo mejor.

– Tranquilo, estoy aquí cariño. Conmigo podrás dormir y relajarte. – Dijo una voz femenina cálida y tranquila.

Algo movió la mano de Jorge sin su voluntad y empezó a masajear su cabeza y frente. Al mismo tiempo que notaba su mano como si ya no le perteneciera, dándole mucho más placer.

– ¿Qué… quién eres? – Preguntó cerrando lentamente los ojos. 

No hubo respuesta.

– Al menos dime como te llamas.  – Dijo casi susurrando

A jorge le pareció oír el nombre de Andariel muy a lo lejos en un tono suave, pero el sueño ganó la batalla y se durmió.

Al día siguiente se levantó con más energía, si cabía, que el día anterior. ¡Esto es maravilloso! pensó.

Así pasaron varias noches, semanas, meses…  Andariel era su protectora y su salvación en esta vida sucia y solitaria.

claudia chica guapa

Jorge llevaba tantos días siendo tan brillante en su trabajo y con un espíritu tan positivo, que empezó a labrarse un puesto de reputación en su empresa. Poco a poco se fue haciendo más popular y cada vez tenía más pretendientas a su alrededor, intentando contagiarse de ese hombre tan carismático, simpático y de éxito.

Durante mucho tiempo intentó esquivar el deseo de corresponder a alguna de las compañeras que se le insinuaban, pero la chica nueva de la junta de dirección, era todo lo que siempre había deseado en una mujer. Alta, delgada, con un precioso pelo rubio, simpatica, amable, cariñosa con él. 

Jorge empezó a pensar que Andariel era la premonición a Claudia.  Y es que Claudia era en actitud hacia él, como Andariel por las noches, con la diferencia, que a ella podía verle la cara, besarla o hacer muchas más cosas, que no sólo esperar a la noche.

Lógicamente, la voluntad no se la puede reprimir indefinidamente y pasó lo que tenía que pasar. El primer contacto intenso fue propiamente en el trabajo, pero cada vez el interés fue a más entre ambos, hasta acabar en una relación formal a las pocas semanas.

Una noche, después de cenar con Claudia celebrando los dos meses juntos, Jorge llegó a su casa cansado y mareado del vino, pero a punto para intentar dormir. Pero algo que hacía tiempo no le atormentaba, volvió. Recayó de las antiguas migrañas que no le dejaban dormir.

Se quedó sentado un buen rato en la cama mirando a la nada, esperando que apareciera Andariel para calmar su dolor como cada noche, pero de momento, nada de nada. Durante un buen rato estuvo escuchando el ruido del silencio. Ese silencio que es tan intenso que tus propios oídos te hacen oír un leve pitido.

Se estiró en la cama y cerró los ojos pensando con todas sus fuerzas, en el calor y placer que cada noche le daba Andariel. Pero ahí estaba él. Sólo. Sin nadie que le hablara. Nadie que le acariciara. Nadie que le hiciera sentirse vivo. Estaba como un muerto en la cama sin poder moverse ni dormirse y con un dolor tan intenso, que cualquiera se hubiera desmayado.

Jorge se levantó poco a poco y descalzo se empezó a mover arrastrando los pies con desgana hacia la cocina. Una vez allí miró la nevera.

-No, joder, no. No voy a comer nada como un puto gordo – Se dijo a sí mismo.

– ¿Dónde coño estás?, ¿No ves que te necesito?, jodida mujer…

Jorge cada vez tenía el corazón más acelerado. Empezó a subirle la temperatura pero en esta ocasión el calor era desagradable. Angustiado, soltó un grito entre rabioso y agónico y abrió el cajón de los cubiertos. Miró los cuchillos, pero no estaba loco. Evitó coger uno y agarró una cuchara.

Él mismo empezó a golpear todo lo que había allí incluido a él mismo. Se empezó a golpear tan fuerte su cabeza, que empezó a sangrar. 

Cuando la herida ya era tan grande que la sangre le tapaba la visión de un ojo soltó la cuchara de golpe y se ensució las manos con su propia sangre y se frotó la cara con fuerza desfigurando su gesto.

Después de varios minutos de agonía interna y actitudes extrañas, se desmayó en su propia cocina.

Al día siguiente Jorge no se presentó al trabajo. Claudia lo llamó varias veces, pero no obtuvo respuesta. Ella preocupada fue a casa de sus padres a pedirles la llave para entrar y ver si estaba bien.

Cuando Claudia llegó al apartamento de Jorge y entró, la imagen era dantesca. El desorden reinaba en toda la casa. Había sangre por todas partes, ella se temía lo peor… incluso tenía puertas arrancadas de sus bisagras y otras con boquetes tan grandes como una cabeza.

Cuando llegó a su habitación, Jorge estaba allí, estirado, durmiendo como un angelito con un dedo en la boca.

– ¡Cariño! ¿Qué te ha pasado?

Jorge despertó poco a poco. La herida de su frente estaba coagulada y no había ni rastro de la sangre que cubría su rostro la noche anterior. Parecía como si se hubiera duchado antes de coger la cama.

– Hola amor. – Le dijo él con voz calmada.

-¿Cómo que hola amor? me has tenido preocupada, ¿Has visto cómo está el piso? ¿Qué ha pasado?

Jorge no supo explicarle claramente porqué había tanta sangre y destrozos en su piso, pero le explico a Claudia sus dificultades por las noches para dormir, sus migrañas y su vida triste antes de conocerla.

– Ayúdame, te necesito conmigo. Ven a vivir conmigo.

Al poco tiempo de este episodio, Claudia se fue a vivir con Jorge formalizando ante familia y amigos su relación, sin dar detalles ni explicar nada a nadie, a excepción de sus padres de lo que pasó esa noche.

Juntos, compraron algunos muebles y cambiaron las puertas rotas. Ella aprovechó para decorar la casa a su gusto, para que fuera menos fría y más acogedora. Todo lo que haría una pareja normal al iniciar una etapa de convivencia.

Todo parecía ir bien y Jorge parecía recuperarse de su recaída a las migrañas y sueño interrumpido, pero justo una semana después de empezar a vivir juntos, algo pasó.

Claudia estaba en el comedor viendo una película en la televisión, cuando comenzó a oír a Jorge hablar sólo en la cocina. Al primer momento no le dió importancia, pero cuando ya llevaba varios minutos hablando y parecía que el tono de la conversación subía de volumen, no pudo evitar levantarse e ir a ver porque hablaba sólo.

Al llegar vio a Jorge hablando y moviendo mucho las manos en medio de la cocina. Estaba mirando en dirección a una de las esquinas, pero allí no había nadie. Daba toda la sensación, que alguien le respondía, porque no eran los típicos comentarios que uno suelta en voz alta para uno mismo.

– ¡Jorge! ¿Con quién demonios hablas? – Preguntó.

No hubo respuesta y siguió hablando acaloradamente.

– ¡Jorge! ¡Jorgeeee!

Al no hacerle caso, Claudia lo agarró fuerte del hombro y lo obligó a mirarle.

– No te metas Claudia, tengo que solucionar esto con ella.

-¿Con ella?, ¿Quién es ella?

– No te lo puedo explicar. No lo entenderías.

-¿Cómo que no?, estoy aquí para ayudarte en todo.

– Ya, pero Andariel no entendería que te lo explicara.

– ¿Andariel? pero, ¿de qué estás hablando, quién es Andariel?

– ¡Maldita sea! se me ha escapado… no puedo contarte esto. Ella estaba antes que tu y le debo mucho más que a ti.

Claudia lo agarró del brazo y se lo llevó arrastras hasta el sofá en el comedor y le obligó a que le explicara todo eso.

Después de una pequeña acalorada discusión, Jorge empezó a notar un dolor intenso de cabeza y claudicó. No quería volver a soportar ese intenso dolor de nuevo.

– Vale, te lo contaré. Pero quizás nuestra relación sufra por ello…

Jorge empezó a explicarle todo desde el primer día que vio a Andariel en la cocina y también todo lo que había hecho por él, consiguiendo que superara sus problemas personales y convirtiéndolo en un hombre de éxito y feliz.

Claudia estaba incrédula del todo. Intentó convencer a Jorge que visitara a un experto. Que ese trastorno tenía que tener solución, pero Jorge le insistió en que era real y que ella existía, que la notaba, le acariciaba y le había hecho sentir placer.

Estuvieron hablando largo y tendido, Jorge no se dejaba convencer. Lo paranormal era algo que Claudia no estaba dispuesta a aceptar. Creía ciegamente en un problema emocional de Jorge.

En el momento que discutieron más acaloradamente sobre visitar a un experto, las luces hicieron un amago de apagarse un par de veces. A la tercera, sonó un tremendo trueno y la habitación se iluminó por completo.

Al ir a bajar la persiana de la ventana, Jorge se dio cuenta que no llovía y no había nubes en el cielo, pero no dijo nada para no preocupar a Claudia. La bajó y volvió a hablar con ella.

Pocos minutos después, se cayó al suelo un espejo que tenía colgado en la habitación. Se hizo mil pedazos. Claudia fue a recoger los trozos de cristales, mientras Jorge lo miraba con preocupación. A pesar que ella fijó la mirada varias veces en trozos muy punzantes, no pasó nada raro.

La conversación siguió durante horas, subiendo y bajando de tono y Jorge seguramente por cansancio o por miedo, acabó cediendo y le dijo a Claudia que intentaría buscar ayuda para su “problema”.

Una vez llegaron a un acuerdo, prepararon la cena y poco después de fueron juntos a dormir sin que pasara nada extraño.

Jorge estaba bien y se pudo dormir junto a ella, pero sobre las 4 de la madrugada, se le abrieron los ojos de par en par. Tenía las pupilas muy pequeñas y el color verde de su iris estaba difuminado, como borroso. La mirada era perdida, pero él estaba consciente.

Voy a coger un cuchillo de la cocina, pensó.

Jorge se levantó, fue a la cocina descalzo y cogió el cuchillo más grande que tenía secándose en el escurridor. El que usaba para pelar patatas y verduras.

Se acercó a Claudia y con total frialdad empezó a acuchillar salvajemente por todo el cuerpo a su pareja. Le hundió más de 300 veces el cuchillo. Incluso agujereando el cráneo de ella con dificultades, pero con decisión.

asesino de la historia

La sangre salpicaba toda la cama, paredes e incluso el techo.

Cuando perdió las fuerzas, dejó el cuchillo en la mesita de noche y se estiró junto a ella mirando hacia el techo.

Ya está, pensó, todo va a volver a la normalidad.

Al poco rato empezó a tocarse. Provocando una erección y sintiéndose excitado. Se desnudó y manchado de sangre, notaba como su mano ya no la controlaba él. De hecho, no sabía si controlaba algo de toda esa situación, pero se dio placer y se quedó dormido.

A la mañana siguiente lo vió claro. ¡Andariel ha asesinado a mi novia!

Jorge cogió con las manos aún llenas de sangre el teléfono y llamó a la policía. Con voz temblorosa, les explicó que Andariel, su exnovia, había matado a Claudia usando un cuchillo de su cocina.

sangre y cuchillo

A los pocos minutos apareció la policía y vieron la imagen dantesca de esa habitación. Él les explicó con todo detalle lo sucedido. Pero la policía le puso las esposas y se lo llevó.

Él gritaba…

– ¡No era yo! ¡no era yo! ¡Andariel me controlaba!  Ella era mis manos!

Andariel, era yo.


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2 comentarios en “Historia de Terror – Ella me quiere”

  1. Estupenda paranoia, un relato que va más allá de lo racional y ahí radica su fuerza.
    Te felicito sigue así 👍👏👏👏

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  2. Osea se hacia una paja y se volvia mas energico y exitoso? Ojala todos los pajeros fueran asi pero los exitosos cuidan su semen no pierden el tiempo. Buena historia

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